Por qué los niños necesitan ver el tiempo
Los niños pequeños viven en el presente. Los minutos son algo abstracto hasta más o menos los seis o siete años, y por eso un “ya nos vamos” termina tantas veces en llanto. Un temporizador visual, como un reloj de arena, cambia ese número abstracto por una imagen que se mueve: un anillo que se vacía, un frasco que se llena, una pecera donde sube el agua.
Cuando el niño puede ver cuánto falta, el final de una actividad se vuelve predecible. Y un final predecible es mucho más fácil de aceptar que uno repentino, tanto para los niños como para los adultos.
Cinco maneras de mostrar el tiempo
Munch Buddy tiene cinco estilos de temporizador, porque cada niño conecta con una imagen distinta:
- Anillo de viaje (Journey ring): un pequeño viajero recorre el anillo hasta llegar a casa.
- Frasco de vidrio (Glass jar): cada pocos segundos cae una pelotita en el frasco; los niños pueden contar en voz alta.
- Pecera (Fish tank): los peces entran chapoteando y el nivel del agua sube.
- Reloj (Clock): una porción roja se achica sobre una carátula de reloj real, un primer paso suave para aprender a leer la hora.
- Números grandes (Big numbers): una cuenta regresiva grande para niños mayores que ya conocen los números.
A los niños pequeños les suele ir mejor con el frasco o la pecera (algo que se llena), a los de preescolar les encanta el anillo, y los niños en edad escolar muchas veces prefieren el reloj o los números.
Qué pasa cuando se acaba el tiempo
Un temporizador visual solo funciona si el final es claro. En Munch Buddy, el amiguito animal que eligió tu hijo llama con un sonido de animal real cuando se acaba el tiempo, y sigue llamando hasta que un adulto toca para contestar. También funciona desde la pantalla de bloqueo, así que el temporizador sigue corriendo aunque el teléfono se duerma.
Como quien llama es el amiguito y no tú, el mensaje de “se acabó el tiempo” viene de un personaje simpático y no de un papá o una mamá que ya lo dijo tres veces.
Cómo empezar a usar un temporizador visual
- Empieza con algo agradable, como un ratito de juego, para que el temporizador no quede asociado solo con cosas que al niño no le gustan.
- Muéstrale el temporizador antes de empezar y explícale qué va a pasar cuando termine.
- Deja el teléfono o el iPad donde el niño pueda verlo.
- Cuando el amiguito llame, cumple lo acordado. La constancia es lo que hace que el niño confíe en el temporizador.